II (Informe del patólogo)*

Antes de tomar el bisturí,
antes de hacer el corte preciso
para diseccionar el corazón

-a sabiendas que la dulzura
envenenó tu sangre,
lentamente calcinó los huesos
y cegó de la vista las virtudes-,

el médico reconoce en los surcos del rostro
la madurez de la resolana en mayo,
y en las comisuras de los labios
la blasfemia sabia de la locura.

*Enzia Verduchi, "El bosque de la hormiga"