Nunca fuimos bien vistos,
aceptados del todo,
un clan de locos
a cuarenta grados a la sombra.
El almuerzo era una composición
dramática: las lágrimas de mi padre
humedecían el plato de espagueti
-en la intensidad de un aria de ópera-
y mi madre lo acompañaba
anunciando lentamente el desmayo.
Las virtudes de la pasión,
las lecciones del arrebato,
pulieron la estirpe de los trasterrados
ajenos a su tropical entorno.
Mientras algunos iban a la caza del venado
nosotros preferimos ir a la pesca
de otras formas de inteligencia:
fantasías con razas alienígenas
colmaron nuestras madrugadas
-sentados en la banqueta-
con tazas vacías bajo el cielo despejado.
*Enzia Verduchi, "El bosque de la hormiga"


